Neurastenia(¿?)
No, tal vez ansiedad.
Ya son 34. Estoy cansada…
Me levanto de la silla del escritorio. Miro por la ventana. Camino hacia la cocina. Reviso los estantes (no sé qué estoy buscando). Dejo las puertas abiertas. Miro dentro de la nevera (aún no sé que estoy buscando). Tomo un vaso de agua. Pienso en hacerme un té. No me lo hago.
Vuelvo al escritorio. Escribo mis credenciales en el computador. Reviso a qué hora es la siguiente reunión… En 43 minutos. No es suficiente. No es suficiente para adelantar mi trabajo (lo es, pero no me concentro).
Decido cortarme las uñas. No me las corto. Mejor pongo un podcast a sonar. No, mejor pongo música (¿pero cuál?). Mejor nada.
Miro mi calendario. Reviso a qué hora es la siguiente reunión… En 17 minutos. Cuestiono mi trabajo. No, cuestiono por qué sigo en este trabajo.
Necesito aprender algo nuevo. Tal vez más estrategia de negocio. Quizás cómo escribir código. Mejor ciencia de datos. No, inteligencia artificial (¿pero cómo?).
No soy una genia.
Vuelvo a escribir las credenciales en el computador. Busco “AI in UX Design”, “Design Systems in the AI era”, “Generative AI”, “CSS”, “Front-End coding”, “AI…”. Espero que el buscador de la plataforma educativa me sugiera lo siguiente. Que complete mis frases. Estoy demasiado cansada para pensar qué debo aprender para conseguir un mejor trabajo. Me entusiasmo por 10 segundos. Tengo 38+ pestañas abiertas. 38+ posibilidades de ser “mejor”.
Estoy un poquito más cerca de ser una “genia”.
“La reunión de Teams ha empezado”. Minimizo la ventana llena de las posibilidades de un futuro “mejor” (si es que me toca).
Esta conversación va muy lenta. Quiero interrumpir. Hacer todas las preguntas. Dar todas las respuestas (o encontrarlas). Eso ya lo dijeron. ¿Por qué otra vez lo preguntan?
Estoy perdiendo mi tiempo.
Necesito aprender otras cosas (¿pero cuándo?).
Estoy agotada. Todavía me quedan 2 horas. Luego el gimnasio.
Me levanto de nuevo. Es hora de hacer un café. Caliento el agua. Espero. Éste es el rico. Lo huelo. Sonrío. Hay un pequeño atisbo de placer.
Me llega un mensaje. “¿Hoy a las 6?”. No quiero salir. Estoy cansada. No quiero hablar con extraños. Necesito salir. Intentarlo. No, ¿y el gimnasio? No puedo con todo. ¿Cuido mi cuerpo o mi entorno social? ¿Cuido mi mente o mi trabajo? ¿Me cuido hoy o mañana? No puedo con todo (aunque lo quiera). Me invento una excusa (otra). Y entonces ¿qué hago?
Necesito elegir las materias que voy a estudiar en la universidad, porque voy a aprender algo nuevo (otra vez). Historia del arte. No, Art Studio 1. No, mejor otra cosa. Son muchas opciones.
¿Por qué no me pongo tan contenta como antes? Es eso. No tengo energía para ponerme en ningun lado ahora. ¿Y entonces?. No sé. No quiero saber.
Llego de hacer ejercicio. Me siento viva por un instante.
Camino hacia la cocina. Reviso los estantes. Abro la nevera (no sé qué estoy buscando). Necesito comer algo. Comer bien. Si no, ¿para qué hice ejercicio?
Hummus. No, ensalada. No, necesito proteína. No como carne. ¿Y entonces?
No puedo con todo (aunque quiero).
Necesito alimentarme más limpio. No uso desodorante. No lavo con químicos. Me unto cremas sin parabenos. No quiero vestirme con telas sintéticas. Necesito aprender a hacer mis propios cosméticos. Cultivar mi comida (¿pero cuándo? ¿pero cómo?).
Hoy no tengo energía para hacer el amor. No me dan ganas (pero quiero). Necesito encontrar mi libido.
¿Por qué ya no me apasionan ciertas cosas como antes?
Ya quiero terminar de escribir. No soy yo. Es mi sistema nervioso. Está fatigado. Todo va muy rápido. Más de lo que éste entiende.
Una guerra. No, dos. Un nuevo invento. No, muchos. Una nueva era. No, ya pasó. Todo va más rápido de lo que mi cabeza puede asimilar.
No puedo con todo (está bien). Al menos no ahora. De pronto mañana. Sí, mañana.
No, en agosto. En agosto me curo.
Mejor en octubre.









